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Strategist's Corner

La paradoja del comportamiento de los inversores y el ciclo del capital

Información sobre el comportamiento de los inversores, los ciclos del mercado y el impacto de la programación biológica en la toma de decisiones financieras. Destaca la importancia de estrategias de inversión disciplinadas, como el «arbitraje en el horizonte temporal».

AUTOR

Robert M. Almeida
Gestor de carteras y
estratega de inversión global

En resumen

  • Los inversores no profesionales suelen exhibir un patrón de comportamiento de «comprar caro y vender barato», impulsados por una programación biológica que busca el placer (invertir en valores con excelente trayectoria) y evita el dolor (vender activos que quedan rezagados). 
  • Las elevadas asignaciones de los hogares a la renta variable sugieren que los futuros resultados de esta clase de activos podrían decepcionar. 
  • Empleando la estrategia de «arbitraje en el horizonte temporal», los inversores profesionales aprovechan su formación y disciplina para contrarrestar las conductas derivadas de las emociones y la biología.

Existe una paradoja biológica muy arraigada en los mercados financieros que, a primera vista, parece contradecir toda lógica: los inversores no profesionales suelen comprar valores cuando son caros (momento en que las rentabilidades móviles son sólidas) y venderlos cuando son asequibles, después de que las rentabilidades móviles hayan entrado en terreno negativo. El gráfico 1 muestra esta dinámica.

Este patrón de «comprar caro y vender barato», aunque podría parecer ilógico, cobra muchísimo sentido cuando se observa desde la perspectiva de la naturaleza humana y nuestra programación biológica.

La biología de los ciclos del mercado

Todas las especies están programadas genéticamente con un sistema de recompensas diseñado para sobrevivir y procrear. Nuestros cerebros están preparados para buscar el placer y evitar el dolor. Por ejemplo, una fresa madura sabe bien y desencadena una respuesta química positiva, como una liberación de dopamina, que nos incita a conseguir y comer más. Por el contrario, las cosas que nos resultan nocivas tienden a darnos asco y las evitamos.

Esa misma programación biológica es el motor del ciclo del capital en los mercados financieros. Cuando una economía, un sector, una industria o un activo financiero concreto arroja grandes beneficios, «sabe bien», lo que provoca un potente impulso basado en la dopamina de invertir más capital en él. Sin embargo, los resultados negativos se traducen en una respuesta de aversión, lo que desemboca en una salida de capital. Esto crea un ciclo que se refuerza a sí mismo de exceso de inversión en segmentos de alta rentabilidad y escasez de inversión en segmentos de baja rentabilidad, lo que, en última instancia, provoca los auges y las crisis que definen la historia económica y de los mercados.

Si lo pasado es prólogo

La elevada asignación de los hogares a la renta variable (gráfico 2) sugiere que la rentabilidad de este segmento a lo largo de la próxima década puede diferir bastante de los resultados pasados.

Quizá una forma más adecuada de pensar sobre los resultados futuros sea a través de la óptica del ciclo del capital. Cuando la asignación de capital es insuficiente o excesiva en comparación con la utilidad prevista de un proyecto, la rentabilidad se distorsiona. La volatilidad en el precio de los activos se produce cuando nuevos datos refutan hipótesis de rentabilidad anteriores.

Si bien la reciente temporada de publicación de resultados en Estados Unidos reveló unos beneficios robustos, creemos que las expectativas ya se reflejaban, en general, en las cotizaciones dada la valoración actual. Al mismo tiempo, surgieron pérdidas crediticias; numerosas empresas orientadas al consumidor mencionaron problemas de asequibilidad, y se observó debilidad entre los negocios amenazados por la IA, como las compañías de software con modelos de licencias basados en usuarios. Sin embargo, dejando de lado los resultados trimestrales, siguen preocupándonos las elevadas valoraciones, la sostenibilidad de los altos márgenes de beneficios dados los tipos de interés más exigentes y un repunte de los gastos de capital para defender los fosos económicos tradicionales frente a los competidores impulsados por la IA. 

Creemos que las perspectivas de un entorno operativo más desafiante para las empresas, unido a las actuales valoraciones y a la probabilidad de unas rentabilidades más reducidas a medida que el ciclo del capital decaiga, ponen de relieve la importancia de una rigurosa selección de valores. Este enfoque conlleva evitar firmas con un riesgo creciente de obsolescencia al tiempo que se asigna capital a empresas capaces de sacar partido de la nueva tecnología y sustentar los resultados. 

Aptitudes frente a biología

El inversor profesional no es necesariamente más inteligente ni cuenta con mejores herramientas. Su ventaja radica en su formación y disciplina para luchar contra más de 4.000 millones de años de evolución. Se les enseña a perseguir cosas que «saben mal» (activos infravalorados con resultados recientes negativos) y a dejar de lado cosas que «saben bien» (activos inflados con sólidas rentabilidades móviles). En MFS, a esto lo llamamos «arbitraje en el horizonte temporal»: un enfoque disciplinado que consiste en aprovechar los comportamientos a corto plazo de otros basados en emociones para obtener ganancias a largo plazo.

 

 

Las opiniones expresadas pertenecen al autor o autores y pueden variar en cualquier momento. Estas opiniones se presentan exclusivamente a título informativo y no deben considerarse como una recomendación para comprar cualquier valor o como una solicitud o consejo de inversión. Las previsiones no están garantizadas. Las rentabilidades pasadas no garantizan los resultados futuros.

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