Cinco razones para apostar por el crédito global
AUTOR
Benoit Anne
Director general sénior
Grupo de estrategias e información
Ideas clave
Puede que haya llegado el momento de generalizar el uso del crédito global en las carteras de renta fija. En nuestra opinión, esta clase de activos conjuga una diversificación significativa entre países, sectores y emisores con unos fundamentales macroeconómicos y empresariales favorables, unos rendimientos iniciales atractivos y la flexibilidad para ayudar a los inversores a mitigar el riesgo procedente de la renta variable o a volver a asumir de forma selectiva riesgo derivado de la duración de la deuda soberana. En un entorno macroeconómico más fragmentado, el crédito global puede brindar una fuente de ingresos resiliente y un potencial de rentabilidad más equilibrado, además de proporcionar una gestión activa que ayude a los inversores a capturar el amplio alcance del abanico de oportunidades presente y, al mismo tiempo, evitar los ámbitos que exhiben una mayor debilidad en el mercado. En este documento se analizan las cinco razones principales que, a nuestro parecer, justifican la incorporación del crédito global en las carteras de renta fija en el marco de un enfoque de gestión activa:
- Una mayor diversificación entre regiones, sectores y emisores puede incrementar la resiliencia de la cartera
- El crecimiento global y los sólidos fundamentales de las empresas sustentan la clase de activos
- Los rendimientos iniciales siguen revistiendo atractivo en términos históricos, lo que respalda la generación de ingresos y el potencial de rentabilidad
- El crédito global puede servir para mitigar el riesgo
- También resulta una clase de activos interesante que invita a volver a asumir riesgos
1. El crédito global ofrece ventajas convincentes en materia de diversificación
Más que nunca, la necesidad de diversificación global parece cobrar una relevancia esencial. Las fuentes de riesgo se han multiplicado en todo el mundo. Los inversores están sorteando de manera simultánea complicaciones y riesgos, en lo que cabe incluir la fragmentación geopolítica, la creciente preocupación por la política fiscal, las tensiones comerciales globales, la dinámica de inflación persistente, las tensiones que se observan en el crédito privado, las perturbaciones relacionadas con el clima y las presiones demográficas. Por lo tanto, un alto grado de concentración nacional o regional podría resultar desacertado en esta coyuntura.
En un entorno caracterizado por la incertidumbre, las divergencias macroeconómicas y políticas y la menor fiabilidad de las estrategias centradas exclusivamente en Estados Unidos, el crédito global destaca como una clase de activos atractiva para los inversores que buscan una diversificación más amplia dentro de la renta fija. Al invertir en diferentes regiones, sectores y emisores, el crédito global puede ayudar a reducir el riesgo de concentración, expandir el abanico de oportunidades y crear una fuente más equilibrada de ingresos y potencial de rentabilidad. En lugar de depender de una sola economía, un solo ciclo político o un solo mercado de crédito, los inversores obtienen acceso a una gama más vasta de factores capaces de incrementar la resiliencia de su cartera.
Por su propia naturaleza, el crédito global proporciona una diversificación considerable por países. Aunque EE. UU. sigue siendo el país de mayor riesgo, su ponderación en el índice se sitúa muy por debajo del 50%, una cifra muy inferior a la exposición al gigante norteamericano en los índices de renta variable globales (gráfico 1). La zona euro representa el 15%, seguida de las entidades supranacionales y los mercados emergentes (11%).
El crédito global expande de manera considerable el universo de inversión. Las distintas regiones ofrecen diferentes composiciones sectoriales, estructuras de capital y perfiles de emisores. El mercado estadounidense puede brindar profundidad en sectores como las comunicaciones, la atención sanitaria y los valores industriales de gran capitalización, mientras que Europa puede ofrecer oportunidades atractivas en los sectores financiero o de servicios públicos y en determinados emisores con calificación investment grade. Canadá y otros mercados desarrollados pueden añadir más variedad. Esta amplitud reviste cierta importancia porque la diversificación en el crédito no solo tiene que ver con la geografía, sino también con evitar una exposición excesiva a un sector, un modelo de negocio o un riesgo de refinanciación determinados. Dentro de un mandato activo de crédito global, un enfoque global ofrece a los inversores más formas de expresar su convicción y más flexibilidad para rotar hacia ámbitos donde la compensación por el riesgo se revela más interesante. Por sectores, la banca representa el 15,9% del índice de crédito global, seguida de las entidades supranacionales (10,1%), los servicios públicos (7,6%) y los servicios financieros (6,8%). Cabe mencionar que la tecnología solo representa el 3,8% del índice.
Y, lo que es más importante, creemos que las ventajas en materia de diversificación que ofrece el crédito global se aprovechan mejor por medio de la gestión activa. Una asignación global pasiva podría ampliar la exposición, si bien un enfoque activo podría contar con mejores herramientas para evaluar los fundamentales regionales, las oportunidades provenientes de la cobertura de divisas, las condiciones de liquidez y los riesgos específicos de los emisores. En un mundo de notables divergencias macroeconómicas y mayor dispersión entre sectores y empresas, la selección activa de valores y la asignación dinámica de activos pueden ayudar a los inversores a convertir la amplitud global en una auténtica diversificación y no simplemente en un mayor abanico de riesgos.
2. Los fundamentales macroeconómicos apuntalan el crédito global
La economía global sigue gozando de buena salud, lo que, en nuestra opinión, produce una señal positiva para los activos de riesgo, entre ellos, el crédito. Por ahora, no hay indicios de que la actual crisis geopolítica haya mermado con creces las perspectivas relativas al crecimiento global, como ilustra el gráfico 2. En varios mercados, la actividad económica se sustenta en la resiliencia del consumo, una fuerte rentabilidad empresarial y una sólida inversión privada. Estados Unidos, Alemania y Canadá parecen perfilarse como los principales impulsores del crecimiento de los mercados desarrollados (MD), mientras que el robusto crecimiento de los mercados emergentes (ME) se debe principalmente a la fuerte actividad en Brasil, la India, Corea y México.
No obstante, los riesgos macroeconómicos a escala global presentan un sesgo bajista. De cara al futuro, los principales riesgos que hay que vigilar son, en primer lugar, si las cadenas globales de suministro sufren graves perturbaciones, un hecho que podría socavar las perspectivas de crecimiento en todo el mundo, en especial si el conflicto de Oriente Próximo se prolonga hasta los meses de verano. Además, otros riesgos importantes son el impacto de unas expectativas de repunte de la inflación y unas condiciones financieras más restrictivas, la reanudación de las tensiones comerciales, así como la posible decepción sobre la productividad impulsada por la inteligencia artificial (IA) y los gastos de capital en este segmento.
Los fundamentales del crédito con calificación investment grade (IG) se están fortaleciendo. Esto se aplica tanto en EE. UU. como en el Viejo Continente, las dos mayores asignaciones del índice de crédito global. En particular, los fundamentales crediticios se han visto respaldados por la considerable mejora en los márgenes de beneficios y en las posiciones de tesorería. Más allá de Estados Unidos y Europa, los fundamentales del crédito de los ME han mostrado resiliencia, aunque se ha constatado cierto aumento en la dispersión entre países y sectores y hay indicios de un posible incremento del apalancamiento. Si se examinan los sectores más de cerca, la energía, las materias primas y las tecnologías de la información (TI) se benefician de los vientos favorables en la macroeconomía global, mientras que el sector inmobiliario de los ME sigue atravesando serias dificultades, especialmente en China.
3. Los rendimientos del crédito global revisten atractivo en términos históricos
Situados por encima del 4,50%, los rendimientos del crédito global resultan atractivos históricamente. Se trata de una consideración importante, dado que los rendimientos iniciales suelen ejercer una influencia significativa en las rentabilidades posteriores. El rendimiento del crédito global se halla en la cota del 4,62%. En los periodos históricos en los que el rendimiento inicial se situó entre el 4,3% y el 4,9%, el periodo de cinco años posterior generó una rentabilidad mediana del 6,15%, y se observó una horquilla del 4,10% al 8,18% (gráfico 3).
Las rentabilidades de equilibrio (breakeven) apuntan a un considerable colchón de valoración. De hecho, tendría que producirse un drástico incremento de los rendimientos totales, superior a los 80 puntos básicos (p.b.), para que las rentabilidades totales previstas en el crédito global durante el próximo año revelaran un signo negativo. No se puede negar que, en torno a los 70 p.b., los diferenciales del crédito global son estrechos, si bien, en estos momentos, no identificamos un catalizador capaz de desencadenar una corrección sustancial de los diferenciales próximamente.
4. El crédito global constituye una atractiva clase de activos para mitigar el riesgo
En el actual entorno de mercado, los argumentos a favor de la mitigación de riesgos son convincentes. En particular, la renta variable global se ha comportado bien en las últimas semanas, si bien las valoraciones podrían representar una rémora en el futuro. Mientras tanto, se perciben señales de creciente tensión en el crédito privado. Sin embargo, la reducción del riesgo no tiene por qué significar renunciar a los ingresos o rotar por completo hacia activos similares al efectivo. Creemos que el crédito global puede desempeñar ese papel con mayor eficacia. Ofrece a los inversores una combinación de rendimientos atractivos, fundamentales corporativos que suelen exhibir resiliencia y un abanico de oportunidades más amplio que los mercados de crédito que se circunscriben al ámbito nacional. En ese sentido, el crédito global puede servir de práctico término medio: es lo suficientemente defensivo como para ayudar a sortear la elevada incertidumbre y, al mismo tiempo, está bien posicionado para generar ingresos y oportunidades selectivas de rentabilidad total.
Una de las razones por las que el crédito mundial destaca como clase de activos para mitigar el riesgo es su resiliencia frente a la volatilidad macroeconómica. De hecho, los mercados de crédito han mostrado una buena trayectoria incluso cuando el contexto mundial se ha complicado al experimentar los diferenciales modestas fluctuaciones en términos históricos tanto en Estados Unidos como en Europa. En concreto, la volatilidad de la rentabilidad total del crédito global se halla en el 6,3% en los últimos tres años1, es decir, cerca de la mitad de la del índice MSCI World. Esta resiliencia cobra cierta pertinencia para los inversores que buscan reducir el riesgo porque sugiere que el crédito —en particular el de los segmentos de mayor calidad— puede seguir mostrando una mayor estabilidad que la renta variable o los activos de riesgo más cíclicos cuando aumenta la incertidumbre. Al mismo tiempo, la relajación monetaria en algunas partes del mundo y los riesgos moderados de que se produzca una desaceleración económica pueden proporcionar un colchón subyacente para la clase de activos.
El crédito global sigue siendo atractivo desde el punto de vista de los ingresos. En un mundo de mayor rendimiento, los inversores pueden obtener un carry considerable sin necesidad de reducir la calidad crediticia de sus posiciones. Esto reviste especial importancia en un contexto de mitigación del riesgo, en el que el objetivo no se ciñe a evitar la volatilidad, sino a obtener compensación por los riesgos existentes en la cartera. Para muchos inversores, esto vuelve interesante el crédito global frente a otras clases de activos que pueden brindar menos ingresos, más riesgo de valoración o una protección más limitada en escenarios bajistas. Dicho de otro modo, el crédito global puede contribuir a que los inversores mantengan una inversión defensiva en lugar de retirarse por completo de los mercados.
Cabe señalar que los argumentos a favor de que el crédito global contribuye a mitigar el riesgo resultan más robustos cuando se combinan con un sesgo de calidad y una cuidadosa selección de valores. Si la reducción del riesgo es un objetivo estratégico, podría resultar apropiado otorgar prioridad a la asunción prudente de riesgos en la cartera, hacer énfasis en evitar emisores que se vean expuestos a presiones idiosincrásicas o seculares y preferir sectores de beta más baja en los que los fundamentales sigan siendo sólidos. Esto refuerza la idea de que una asignación al crédito global no conlleva asumir más riesgo. Puede interpretarse de forma deliberadamente defensiva, y hacer hincapié en la resiliencia de los balances, los flujos de caja estables y los sectores menos vulnerables a las turbulencias macroeconómicas.
Por último, el crédito global se adapta muy bien a la gestión activa, que resulta fundamental en un marco de mitigación del riesgo. En periodos de alta incertidumbre, la exposición pasiva puede dejar a los inversores expuestos a diferenciales estrechos, al riesgo de índices concentrados o a los segmentos más débiles del mercado. Una estrategia global activa tiene la capacidad de realizar rotaciones entre regiones, sectores y emisores, gestionar con cuidado la liquidez y responder a los desajustes que vayan surgiendo. Esa flexibilidad puede ayudar a los inversores tanto a gestionar mejor el riesgo a la baja como a identificar oportunidades selectivas que pueda generar la volatilidad.
5. Mientras tanto, el crédito global también constituye una atractiva clase de activos propicia para volver a asumir riesgo frente a los títulos del Tesoro
La deuda soberana global se enfrenta a importantes vientos en contra. En muchos mercados, en los que cabe incluir Estados Unidos y algunos países europeos, los inversores se muestran cada vez más inquietos por la mala dinámica fiscal y el empeoramiento en los perfiles de la deuda pública. Con esto en mente, el apetito por la exposición al tramo largo de la curva de tipos en algunos mercados se ha visto reducido. A título de ejemplo, en Estados Unidos, el tramo largo de la curva de tipos se ha empinado por razones equivocadas, lo que viene a reflejar principalmente la incorporación de una mayor prima de riesgo.
El crédito global ofrece rendimientos ajustados al riesgo más atractivos que los títulos del Tesoro globales. Ya se consideren los plazos de 1, 3 o 5 años, los rendimientos históricos por unidad de volatilidad del crédito global se han revelado muy superiores a los de su homólogo del Tesoro. Por ejemplo, en los últimos tres años, el índice de crédito global ha cosechado una rentabilidad anualizada del 5,15% con una volatilidad del 6,4%. Por el contrario, la rentabilidad anualizada del índice global del Tesoro durante el mismo periodo ha sido solo del 1,26%, con una mayor volatilidad del 7,3%. El principal factor de los malos resultados de los títulos del Tesoro ha sido el difícil entorno de volatilidad de los tipos. Cabe señalar que la volatilidad observada en los tipos ha sido muy superior a la de los diferenciales, lo que ha menoscabado más el riesgo de duración que el de crédito. Como ilustra el gráfico 4, la volatilidad del crédito global es ahora inferior a la de los títulos del Tesoro a escala mundial.
El crédito global se sustenta en unos fundamentales y unos aspectos técnicos más sólidos. Hasta cierto punto, se puede argumentar que, en una serie de mercados, los balances de las empresas parecen más sólidos que los de sus entidades soberanas. Por un lado, los sectores corporativos se ven respaldados por una sólida rentabilidad y una fuerte generación de flujos de caja; por otro, los déficits fiscales, la credibilidad de las políticas y la preocupante dinámica están contribuyendo al aumento de las primas de riesgo soberano. Desde el punto de vista técnico, habrá que estar atentos a las posibles repercusiones del repunte en las emisiones relacionadas con la IA, aunque, por el momento, la nueva oferta se ha visto correspondida por una demanda especialmente fuerte. De cara al futuro, no creemos que las previsiones de suministro provoquen una corrección de los diferenciales.
El argumento a favor del crédito global
Para los inversores que buscan reforzar sus asignaciones a renta fija, el crédito global destaca por cinco sencillas razones: diversificación más amplia, fundamentales favorables, rendimientos atractivos y flexibilidad para reducir el riesgo de las carteras y volver a asumir riesgos de manera selectiva. En un mundo en el que los riesgos macroeconómicos revelan una mayor fragmentación y la concentración reviste más importancia, un enfoque global puede ayudar a los inversores a mantener la diversificación, a seguir invirtiendo y a continuar adoptando una actitud selectiva. Habida cuenta de unos rendimientos que siguen siendo atractivos, unos fundamentales corporativos resilientes en líneas generales y unas rentabilidades ajustadas al riesgo similares a las de otras grandes clases de activos, el crédito global brinda sólidos argumentos a favor para desempeñar un papel más importante en las carteras. A nuestro parecer, la mejor forma de aprovechar la oportunidad estriba en optar por una gestión activa, que permita a los inversores sortear las diferencias regionales, evitar los segmentos más débiles del mercado y poner el foco en las mejores fuentes de valor.
Nota
1 Fuentes: Bloomberg. Crédito global = índice Bloomberg Global Aggregate Credit Total Return Value Unhedged USD. La volatilidad se calcula a partir de datos mensuales utilizando una media móvil a 3 años. Datos hasta mayo de 2026 (a 12 de mayo).
Las inversiones en instrumentos de deuda pueden disminuir de valor como resultado de una rebaja en la solvencia crediticia del emisor, prestatario, contraparte u otra entidad responsable del pago, o la garantía subyacente, o por cambios económicos, políticos, específicos del emisor o de otro tipo, así como por la percepción de dichas condiciones. Algunos tipos de instrumentos de deuda pueden ser más sensibles a estos factores y, por consiguiente, más volátiles. Asimismo, los instrumentos de deuda conllevan el riesgo de tipos de interés (cuando los tipos de interés suben, normalmente los precios bajan). Por consiguiente, el valor de la cartera puede disminuir en entornos de subidas de tipos.
Las opiniones expresadas en este material pertenecen al Grupo de estrategias e información de MFS, parte de la unidad de distribución de MFS, y pueden diferir de las de los gestores de carteras y analistas de MFS. Estas opiniones pueden variar en cualquier momento y no deben interpretarse como asesoramiento de inversión del Asesor, como recomendaciones sobre títulos-valores ni como indicación de intención de negociación en nombre de MFS. Las previsiones no están garantizadas.
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