El arte de la inversión contrarian: en la mente de un inversor contrarian

¿Qué se necesita para ser un inversor contrarian? Zahid Kassam, gestor de carteras, comparte su visión sobre el proceso de inversión del equipo y el enfoque en materia de construcción de carteras.

Dan Bristow: ¿Podrías describirme con tus propias palabras qué es la inversión contrarian y si se necesita una determinada mentalidad o temperamento para optar por ella? ¿En qué forma difiere esta inversión de los estilos más tradicionales y clásicos de la inversión en valor?

Zahid Kassam: Sí, claro. Me gusta decir que vamos a contracorriente del mercado, por lo que creo que se requiere otra mentalidad. Se trata de la clásica situación en que se tiene miedo cuando los demás muestran ambición y a la inversa. Nos gusta decir que nos viene a la mente correr hacia el edificio en llamas en lugar de huir de él, y eso es pensar diferente. El margen de seguridad resulta muy relevante para nosotros. Cuando hablamos de esto, nos referimos al precio que se paga, de ahí que nos fijemos mucho en las valoraciones a la hora de hacer nuestro trabajo. Prestamos mucha atención a las oportunidades asimétricas en un amplio marco de resultados basados en la valoración, lo que coincide con nuestra forma de pensar. Creo que el tema del temperamento que planteas es muy importante, y pongo un ejemplo de estar predispuesto a correr hacia un edificio en llamas porque creo que hay que pensar de forma diferente.
También opino que se requiere paciencia. Una firma como MFS es el sitio perfecto, al contar con una cultura a largo plazo que permite adoptar un enfoque contrarian, dejar que pasen las crisis y aguardar a que vengan días mejores. Esas son algunas cosas que pienso sobre el enfoque contrarian.
¿Qué diferencia las estrategias contrarian de las otras estrategias clásicas de valor? Existen un par de ámbitos de oportunidad en que hemos constatado que hemos logrado mejores resultados a lo largo del tiempo, por lo que no se trata solo de estrategias clásicas que se centran en títulos infravalorados (deep value). Adoptamos estrategias deep value, aunque cuando hablamos de esto no nos referimos a la adquisición de empresas en horas bajas, empresas de riesgo con valor residual. Aquí hablamos de la inversión en el ciclo de capital, de una inversión más circunscrita al ámbito de la oferta. También invertimos en reestructuraciones, lo que supone oportunidades de otra índole, más idiosincrásicas, para generar buenas rentabilidades ajustadas al riesgo.
Sin olvidarnos de los generadores de valor (compounders) que se han visto desacreditados por la controversia. A veces los llamamos valores de crecimiento desacreditados, valores de calidad desacreditados. Y siempre hay algo, alguna anomalía en algún lugar del mundo que aprovechar, por lo que no dependemos de que el enfoque de valor funcione. Por suerte, se pueden generar también mejores rentabilidades a lo largo del ciclo.

Dan Bristow: Indaguemos un poco más en el proceso. ¿Cómo identificáis tu equipo y tú las oportunidades de inversión y cómo abordáis la construcción de la cartera?

Zahid Kassam: En gran parte aprovechamos lo que el mercado depare y lo que otros no quieran. Mostramos interés por aquellas áreas en que ya se dan malas noticias. Las ideas proceden de la plataforma de especialistas, los equipos sectoriales y los equipos geográficos. Dichas ideas podrían provenir de otros inversores generalistas, y creo que recurrimos a más filtros que los demás. No es más que una forma nada emocional de decir «aquí tenemos el mapa de calor del mundo». Aquí podemos observar todas las anomalías. Podría constituir una forma ilustrativa de analizar y determinar dónde deberíamos trabajar más.
En cuanto a la construcción de carteras, hablamos de la asimetría riesgo-remuneración y de la sensibilidad de la valoración. Cuanto más baja es la valoración, más malas noticias anticipa el título, y cuanto más asimétrica es la trayectoria alcista frente al a bajista, mayor es la posición. Si lo abordo desde la perspectiva inversa, los valores que no reciben una posición significativa y que tratamos de excluir son empresas de riesgo con valor residual. El apalancamiento financiero excesivo es el enemigo del inversor contrarian. Esto no nos da margen para esperar al final de las crisis para que se consolide el plan de cambio, así que hay que darse un respiro. Y también nos penaliza mucho la complejidad: negocios muy complejos, riesgos políticos, ese tipo de cosas. Intentamos excluirlos en primer lugar, pero al final tampoco representan una parte importante de la construcción de la cartera.

 

 

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